Suspense en clase


Para rematar el tema del género policíaco, estamos haciendo un ejercicio en las clases de escritura creativa.

Se trata de improvisar una página de puro suspense. Se puede escribir cualquier cosa, con una sola condición: la última frase tiene que ser “Y contestó al teléfono”.

Lo que nos interesa sacar de cada género es un mejor conocimiento de las posibilidades expresivas y estilísticas de nuestra escritura. En el caso del suspense, como hemos dicho en artículos anteriores, vamos a imaginar una situación en la que el personaje se encuentre en apuros, y antes de resolver esa situación, alargamos la espera, aumentando así la tensión dramática y la solución a la pregunta: ¿lo conseguirá o no?

El suspense, a mi manera de ver, puede ser interpretado también bajo otra luz: en una situación cómica, la “espera” del personaje puede desembocar en una respuesta cómica. La tensión dramática explota en una carcajada del lector.

En una situación horrorosa, al contrario la respuesta puede ser muy dramática y violenta, y desembocar en un efecto de auténtico miedo, pánico, terror o asco (o todas las cosas juntas). Mejor dicho: el miedo es la expresión de esa tensión dramática, que desembocará en la muerte, desaparición o mutilación del personaje.

Se trata de saber meter el lector en una situación incómoda, hacerle desear ese desenlace.

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