Lugares comunes de la poesía


En la biblioteca de Valdebernardo los alumnos escribieron unos textos, en forma de ensayo o reflexión, sobre los lugares comunes o tópicos en la poesía.

Ha surgido un debate bastante interesante. Siempre recomendamos rehuir de los tópicos en poesía -corazón espinado, labios de fresa, ojos como estrellas, etc.- pero también es verdad que todo se ha dicho en poesía, y que casi todo hoy en día suena un poco a tópico, es decir a imagen desgastada.

El objetivo del poeta tampoco es escribir para sorprender y buscar la originalidad a toda costa, ya que es mucho más probable que se tope dolorosamente con su falta de originalidad.

Una de las soluciones es conocer los tópicos más recurrentes de la poesía -incluso de la poesía contemporánea, que se alimenta de sus propios recursos y desechos de poeta en poeta- para saber con qué estamos lidiando, y si hace falta volver a utilizarlos en nuestros trabajos. El simple hecho de ser conscientes de esta operación, y una razón imprescindible que la sustente, harán el resto del trabajo.

En el siguiente fragmento creo que hay una gran verdad:

Hoy, a mi modo de ver, todos aquellos que no somos capaces de decir o hacer cosas nuevas que alienten a la triste y pobre humanidad, usamos los tópicos como señal de sabiduría, ignorando, pobrecitos, que somos pobres mulas de malacate. Y es que, por huir del dolor, caemos en la miseria humana de los tópicos; y más aún: en la horrible práctica de no practicar lo que decimos o pensamos.
Una alumna ha leído un texto sobre el tópico del poeta, que también tiene mucho que ver con la poesía: a menudo creemos que para ser poeta hay que emborracharse, ir de putas, drogarse o viajar descalzos por Europa. Nada más lejos de la verdad.

¿Soy yo poeta? Esa es otra cuestión. Si me limito a los tópicos típicos  que se tienen sobre los  poetas y de cómo creemos que son éstos, no podría yo considerarme uno de ellos. Porque aunque mi sueldo es exiguo, sin embargo, no paso hambre ni deambulo famélica hasta que alguien quiere asistirme. Las necesidades básicas, de alimento y casa, las tengo cubiertas. Aunque no puedo hacer grandes dispendios, pues aunque quisiera no me llega para el derroche. Tampoco le doy a la bebida ni a ningún tipo de droga conocida o en experimentación. […] Lo que escribo lo hago sin ningún tipo de red, me lanzo y las palabras me llevan unas veces lejos y otras al otro lado de la calle, a lo cotidiano, a la realidad rutinaria de todos los días. Al instante mismo en el que escribo. […] Pero, ¿quién no ha pasado hambre alguna vez, aunque sólo haya sido siguiendo una dieta, quién no bebió de más en alguna ocasión, quién no amó y no fue correspondido, quién no escribió un “poema” a alguien y nunca lo envió, quién no se sintió solo e incomprendido en ciertos momentos,  quién no creyó que nadie le entendía…? y sin embargo, eso no lo convierte en poeta. […]

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