Cómo complicarse la vida


Cualquier escritor novel que empieza sus andanzas en el bosque de la literatura, a menudo hace de todo para complicarse la vida más de lo que es necesario.

Defiende sus ideas y sus intuiciones hasta la muerte, y cree que todo el mundo a su alrededor se confabula para coartar su creatividad o, peor aún, que la gente que lee sus relatos o poemas no entiende lo que él ha escrito con suma claridad.

Esto es normal y hasta saludable, siempre que el autor no se aferre a esta actitud con cada vez mayor ensañamiento.

Cuando empezamos a escribir, experimentamos una total libertad creativa. Con el tiempo descubrimos que toda esta libertad no nos lleva a nada, y que no conseguimos ir más allá de nuestros primeros ensayos.

Llega entonces el momento en el que algo o alguien nos pone límites y empieza a excavar un cerco alrededor de nuestra fantasía. Creemos que se trata de un asedio y que pronto tendremos que luchar para defender nuestro mundo del asalto de los “hombres grises” (leer Momo, de Michael Ende).

Nada más lejos de la verdad: el arte se desarrolla precisamente entre límites. Como la vida misma, vamos.

Si el objetivo, por ejemplo, es llegar a tener clara una historia para un relato breve, de una o dos páginas, se hace de todo para complicar la trama hasta tener ideas suficientes para reescribir Los pilares de la tierra.

Se recomienda centrarse en un sólo protagonista, y salen siete u ocho personajes más que le rodean para acompañarle en la difícil tarea de enfrentarse él solo a esas dos páginas.

Hay que escribir una sinopsis tratando de poner de la forma más clara posible, en pocas líneas, el planteamiento y el desenlace de nuestra historia, y nos empeñamos a escribir una página de ideas, reflexiones, sentimientos y posibilidades más o menos abstractas, sin llegar a decir nada, o casi, sobre qué le pasa al protagonista.

Un ejemplo de sinopsis (apta para promocionar y vender un libro, ya que no nos habla del final):

“Adela es una chica de dieciocho años que acaba de llegar a la Universidad de Carnwell. Nerviosa y despistada como el resto de estudiantes, Adela no presta atención a los rumores sobre El Bebedor de Lágrimas, un fantasma que tiene como único propósito vengar a las chicas engañadas. Sin embargo, todo cambiará cuando la sombra de la muerte comience a cernirse sobre el campus, dejando bien claro que las maldiciones y los fantasmas no son cosa de otro mundo.” Ver enlace a Papel en Blanco.

Lo que tenemos que hacer para tener clara la idea de nuestro relato es llegar a tener una sinopsis que incluya también el final, el desenlace. UN personaje, UN ambiente, UN conflicto.

Cuando uno se sabe manejar con los instrumentos básicos y los límites de la escritura, ya le resultará más satisfactorio romper las reglas y darle mil vueltas a las ideas. Pero es necesario aprender a tener las ideas claras, límpidas y que se transmiten de un vistazo a los demás, para llegar a escribir de verdad cómo nos gustaría escribir.

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