Sobre estructura narrativa (2)


La base de toda estructura narrativa que estamos comentando en los talleres, es precisamente esto: una base.

Planteamiento – nudo/desarrollo – desenlace son los pilares sobre los que se puede crear todo tipo de historia, de cualquier genero y estilo.

Para generar la historia, necesitamos un conflicto. No quiere decir que tenemos que escribir relatos de guerras o de asesinos, sino que no hay historia, no hay narrativa si no tenemos un conflicto, algo que empuja al personaje a la acción -mental y/o física-, algo que le enfrenta al mundo, al vecino, a una ideología, o a sí mismo incluso.

El conflicto es la chispa del relato. De ahí podemos plantear una historia y un personaje, desarrollarla hasta el nudo -el momento decisivo y de mayor dificultad en el que el protagonista se enfrenta al antagonista-, para finalmente encontrar su desenlace, el final en el que el personaje logra -o no- su objetivo y la historia se resuelve -de una forma u otra.

Planteamiento – nudo – desenlace no coinciden con el inicio – el medio – el final de la historia. O no necesariamente. A la hora de escribir, podemos crear la estructura que más se adapte a la idea.

Pero, eso sí, el inicio de un relato es muy importante. Ese primer párrafo con el que atrapamos la atención del lector y le obligamos a llegar hasta el final de nuestra historia. Un consejo general puede ser el de evitar descripciones largas y páginas de reflexiones sobre la nada, y pasar directamente a la acción. Meter al personaje directamente en las cosas, in medias res, como decían los latinos.

En el desarrollo no podemos permitirnos el lujo de “adornar”, de divagar añadiendo decenas y decenas de personajes alrededor del protagonista. El desarrollo es el momento en el que el personaje se enfrenta a su problema, a su “conflicto”, y el lector quiere estar con él.

A menudo, las divagaciones y los “adornos”, sobre todo en los relatos breves, son algo molesto, algo que no acaba de ligar con la historia principal, y nos dan informaciones inútiles, que quitan y no dan nada al desarrollo del drama (que en griego significa “acción” y que se aplica tanto a la tragedia como a la comedia).

El final merece un capítulo a parte: ¿El objetivo del final es la sorpresa? ¿Puedo dejar un final abierto? Las respuestas son difíciles de dar, hoy en día en literatura hay de todo, todo se ha experimentado y todo vale (si el autor es bueno, claro). En general, el objetivo verdadero de un final es solucionar el tema, solucionar el planteamiento, responder a las preguntas del personaje -y del lector. Si el protagonista ha cogido un resfriado al principio del relato, en el desenlace tiene que morir o curarse, para entendernos.

Lo del final abierto es algo que se usa mucho en el relato, sobre todo el breve. El protagonista se queda en la cama con su constipado que empeora cada vez más. Llaman al cura para que confiese sus pecados. No sabemos si va a morir o si sólo es un hipocondríaco. Lo podemos adivinar basándonos en las pistas que el autor nos ha dejado a lo largo del relato. Un final abierto cierra ciertas preguntas dramáticas, y otras las deja en manos del lector, pero sugiriendo, por parte del autor, una posible solución por medio de indicios.

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