La vena poética


En el taller de poesía de la biblioteca Miguel Delibes (Vinateros), hemos empezado a trabajar sobre la búsqueda de la “vena poética”. Muchos de los que empiezan a acercarse a la poesía, sienten que están manejando una forma de escribir que no tiene nada que ver con otras que parecen más fáciles o comunes, como el periodismo o la narrativa.

Sin embargo, no conseguimos explicarnos exactamente dónde está esa diferencia, por qué nos parece tan inabarcable la poesía y nos sentimos incapaces de encontrar esa fuente de inspiración dentro de nosotros, esa fuente que puede dar luz a la poesía. Pero la inspiración es fruto del trabajo.

Por eso, hicimos un ejercicio en clase: cada uno ha sacado de tre sobres un verbo al infinitivo, un sustantivo y un lugar. El ejercicio consistía en escribir frases, versos, sin preocuparse por la forma, a partir de esas tres palabras, tratando de buscar todas las asociaciones posibles entre esas tre IDEAS.

En muchos casos, los alumnos se han preocupado por la gramática, formando frases correctas y pegadas al uso de las palabras. Pero sin concebir esas palabras como IDEAS, como sugerencias de algo más.

Entonces repetimos el ejercicio, pero esta vez cada uno podía sacar sólo un papelito del sobre de los “lugares”. En vez de escribir, les dije que hablaran por turnos sobre las imágenes que esos lugares-palabras les estaban sugiriendo, sin preocuparse por la lógica o la aparente ridiculez de lo que estaban a punto de decir.

Aquí sacaron cosas más interesantes: una motocicleta-deseo de juventud-viaje; un coche gris-descubrimiento-pasar desapercibido; el mar y la playa-deseo sensual de bañarse-necesidad de protegerse del sol; hospital-frialdad-deseo de salir de la cama; río-agua fría-miedo-río como único recurso para orientarse cuando te has alejado del camino.

Entonces cada uno escribió un primer borrador de un poema que podía surgir de estas conexiones, asociaciones de ideas, y todos han buscado la forma de escribir la descripción lógica y la explicación de esas ideas.

El objetivo no es ese, sino que es transformar esa moto en el poema, esa piel débil en el poema, hacer que el poema sea el río y su agua helada o el coche perdido entre paisajes del norte.

Por eso es fundamental reescribir muchas veces un poema, sobre todo en esta fase inicial de aprendizaje, para que lleguemos a darnos cuentas de cómo podemos transformar la realidad con las palabras. Porque en poesía las palabras SON LA REALIDAD.

 

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