Terror story


Seguimos por fin con un tema que dejamos de lado hace un par de meses: los géneros de la narrativa. Ahora me gustaría centrarme en el terror. Como siempre, nos viene a la mente el cine: este género sin duda tiene su mayor y mejor realización en la gran pantalla.

Gritos, sangre, sustos, música: el cine como arte total, nada mejor para transmitir emociones fuertes y empujar el espectador hacia el vértigo y la oscuridad de su butaca-ataúd.

Pero ahora nos interesa hablar de literatura, de narrativa. ¿Hay reglas que seguir para construir una historia de terror? Antes de contestar, tenemos que distinguir entre terror exterior, físico, y terror psicológico.

En el primer caso, nuestra historia se centrará en un conflicto exterior, algo que tenga que ver con el mundo físico. Vamos a provocar el encuentro entre nuestro héroe y algo que se le va a enfrentar hundiéndolo en un estado de shock y de pánico. Todo lo que sean historias de brujas y brujos, monstruos infernales, fantasmas y apariciones varias, insectos y animales salvajes, máquinas que se rebelan, etc.

En el segundo caso, el miedo será originado por un conflicto interior (que puede llegar a ser exterior, material), algo que tiene su origen en el cerebro del personaje: aquí podemos urgar en todo tipo de enfermedades mentales graves, síndromes, miedos atávicos y traumas infantiles que vuelven a la carga, etc.

Nuestro objetivo como escritores es meter al lector en estos estados de terror, hacer que se identifique con el protagonista y con sus miedos, que viva paso a paso, página por página, en su mundo oscuro y que se enfrente con él a esos monstruos y a esos fantasmas.

La violencia es elemento necesario, ya que es vehículo del dolor, y el dolor y la violencia se generan en ambientes lúgubres o distorsionados. El terror es lo inesperado, el golpe de efecto, lo que se sale de lo normal y lo cotidiano, la manifestación de fuerzas con las que no quisiéramos nunca enfrentarnos y que son superiores a nuestras posibilidades, cuya voluntad es aplastarnos, aniquilarnos, matarnos.

El ambiente, entonces, es algo imprescindible: tenéis que leer los relatos de Edgar A. Poe y de H. P. Lovecraft. Así como es imprescindible, en este tipo de historias, alternar los golpes de efecto, dosificar las “energías” narrativas, distribuir la tensión a lo largo de todo el relato o la novela, y dejar para el final los estallidos y la brutalidad del enfrentamiento definitivo.

Una última indicación: las descripciones son importantes, así como los diálogos funcionales a las escenas de cada capítulo, pero nunca pueden ocupar demasiado espacio. Un monstruo es más horrible si su descripción dura el espacio de pocas líneas, una mutilación es más dolorosa si el momento de la separación de su cuerpo también dura el espacio de pocas líneas.

¿Os imagináis la descripción de un destripamiento que ocupe dos páginas? Sería para encerrar al autor por regocijarse demasiado en el gore. Y la historia no avanzaría.

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