Borra borradores


cuidadoFracaso y éxito no son dos términos absolutos, ni valores predeterminados y claros, por muchos que nos lo creamos.

El fracaso y el éxito se viven, porque cada indivíduo decide qué es uno y qué es lo otro según sus expectativas y sus valores vitales.

Ayer organicé la segunda reunión de la tertulia literaria “Borradores”, experiencia que considero un fracaso. Es por esta razón que decido borrarla del mapa. Mis expectativas eran altas: creo que una iniciativa de este tipo o engancha enseguida a cierto número de participantes, o no tiene sentido. Si no se manifiesta una necesidad, no hace falta insistir. Se cambia de rumbo y se sigue investigando. 

Éramos tres (uno menos que en diciembre). O sea, yo y otros dos. Hacía frío y los tres tomamos un té (uno cada uno, todavía el bolsillo nos da por estos lujos). En los días anteriores contestaron cuatro personas a la invitación que envié por Facebook (las cuatro como “posibles”, los otros 200 invitados estarán hartos como yo de los eventos del Facebook y ya ni siquiera contestan). Cuatro seguidores en Twitter retuitearon el evento. Lo publiqué en este blog (que según el contador tiene 840 seguidores), en mis perfiles de Facebook y en Google+, a parte de enviar unas 25 emails directas por correo electrónico a escritores de Madrid.

Agradezco de corazón a todos los que me han apoyado desde el principio (que los hay y que determinan mi parte de éxito).

El encuentro de ayer iba sobre generaciones: mi pregunta era si nos consideramos escritores generacionales. El resultado ha sido significativo: si ni siquiera nos interesa reunirnos para hablar de lo que hacemos y de lo que nos rodea (y temas no nos faltarían), ¿cómo vamos a ser generación? 

Así que al faltar idealismo, al haber perdido el mismo concepto de “absoluto”, al vivir en una sociedad completamente fragmentada, sin ideologías dominantes (solo en apariencia) e individualista, los intelectuales también nos hemos vuelto así. O quizás solo somos más tímidos que hace un siglo. 

Dice Eric Fromm: en el siglo XIX el problema era que Dios había muerto; en el XX es que el hombre ha muerto.

“Borradores” ha sido un fracaso porque quizás se basa en una creencia idealista: que todavía nos quedan las ganas de conocernos, reunirnos, hablar, mandarnos a la mierda sin miedo, actuar, pensar sobre lo que somos, lo que hacemos, dónde y cómo lo hacemos.

Los tiempos no están para estas cosas: hay que centrarse en el trabajo de cada uno, ahorrar energías y recursos (lo de compartir un té entre tres está por venir), cuidar de nuestros perfiles en la Red (la Realidad) y que Dios nos pille confesados.

Siempre gana el que pierde una vana esperanza (sentencia italiana).

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6 pensamientos en “Borra borradores

  1. Duras reflexiones amigo, que comparto sólo en parte…

    Comprendo y también participo de tu frustración. Pero quizá no sea necesario que el hombre muera. Confío en que le valga una experiencia cercana a la muerte para “resucitar”.

    Seguramente no dependerá de nosotros elegir el nivel de intensidad del “hostión de realidad”. Incluso es probable que a más de uno se le fundan los plomos al final de ese vertiginoso desplome. Pero, ¿qué coño…?

    Habrá que reconocer que nos lo teníamos merecido. Que, sin buscarlo, nos estábamos encaminando hacia el barranco pasito a pasito, sin vigilar dónde poníamos el pie (tan absortos estamos en nuestras pantallas táctiles de 3,5 pulgadas). Desatentos, distraídos, alterados…

    “Somos aquello a lo que prestamos atención” decía Ortega en su En Torno a Galileo. La principal diferencia entre un hombre y cualquier otro animal es que, nosotros (aunque ya a estas alturas cabría decir algunos de nosotros) podemos elegir “desalterarnos”, es decir, dejar de prestar atención al entorno (el alter que no soy yo) para centrarnos en nosotros mismos (ensimismarnos), conocernos, identificarnos, cultivarnos, crecer… Y reconocernos en otros, más allá de nuestra pertenencia al mismo grupo de Whatsapp.

    Duros tiempos estos en los que los hombres cuanto más alterados se encuentran más ensimismados parecen. Me pregunto qué diría el maestro.

    Lo queramos o no somos todos miembros de una misma generación. La más infame e ignominiosa de la historia reciente (e incluso me atrevería a decir de todos los tiempos). Aquella cuyos miembros, pudiendo tenerlo todo, se lo dejaron arrebatar todo. La Generación de la Degeneración.

    Lo único positivo que quedará de nuestro infame legado será que, cuando nos hayamos marchado, no restará nada y habrá que comenzar de cero. Crear, fundar, generar, concebir, idear, imaginar. Todos esos verbos que en un mundo como el nuestro (donde “ya está todo inventado”) carecen de sentido.

    Mi propuesta: Suicidémonos cuanto antes.

    • Hola Rubén:
      ¿Hay que ser duro a veces, no? ¡Mira qué cantidad de reacciones he suscitado!
      Sin embargo, no quiero que mi mensaje se lea como una crítica desde arriba: es una crítica, eso sí, pero a partir de un experimento que he querido hacer y que, según mi modesto punto de vista, ha fracasado por no haber sabido interpretar las exigencias de la realidad que me rodea.
      ¡Al final tu comentario parece mucho más duro que mi reflexión! De hostión nada, es que yo me animo mucho alrededor de ideas, hago muchos proyectos y los imagino funcionando, me veo compartiendo con los demás mi entusiasmo por algo… No he invertido dinero en esto ni he arrastrado a nadie. Quizás siga razonando alrededor de el estímulo intelectual inicial, quizás esto lo transforme en otra cosa o quizás no.
      La frase de E. Fromm me parece muy acertada, y la sentencia final es más para mí que para los demás: mi idea era crear algo nuevo y diferente, estaba convencido de que se sentía la necesidad de algo así y que muchos iban a participar. La “esperanza”. Pero enseguida he visto que no es así (luego podemos buscar miles de explicaciones, pero no nos comamos demasiado el coco) y punto. Se cierra.
      Como digo también en el post, estoy muy agradecido a todos los que, como tú, me han apoyado aunque desde lejos, me han dicho cosas bonitas sobre el proyecto y han participado.
      Creía que nos hacía falta salir de este letargo. Pero a lo mejor estoy totalmente equivocado. Al fin y al cabo, es solo mi punto de vista.
      Un abrazo y adelante,
      Valerio.

  2. Valerio, yo no fui porque estoy a kilóóóóóómetros de distancia, del otro lado del océano…, pero me hubiera gustado mucho estar allí, escuchar las ideas de mis contemporáneos, debatir, leer, sumar un uno al número de asistentes con la esperanza de que el evento continúe y tome fuerza, como seguramente se merece.

    • Muchas gracias Verónica, sé que vives muy lejos y te agradezco tu interés. Espero poder ofrecer iniciativas y contenidos interesantes, aunque sea de vez en cuando…
      Un abrazo,
      Valerio.

  3. Bueno,… yo que suelo ser positiva, te diría que escogiendo el principio de este escrito, podría relativizar en más de un detalle para hacerte verlo de otra forma. En primer lugar, la misma existencia de una idea, de un impulso, es un aspecto del todo positivo, sobre todo en los tiempos que corren. Pero más en tu caso, como escritor, como generador de ideas e historias. Esto también te ha nutrido. Y nos ha nutrido al resto. Porque, al menos en mi caso, aunque no haya asistido a la tertulia, he podido reflexionar contigo únicamente leyendo esto. ¿No es eso el éxito ya? Nunca se sabe qué palabra va a ser la impulsora del movimiento definitivo. No te rindas. Descansa. Pero no te rindas.

    • Hola E2o,
      que no me rindo en absoluto y me alegra mucho saber que algo bueno ha llegado. Quizás de este artículo llegue solo la parte dura de mi reflexión, pero te aseguro que asumo con plena responsabilidad este pequeño e insignificante “accidente” y sigo adelante creando historias y, si puedo, conectores de historias.
      Seguiré usando este espacio, por supuesto. Aunque no se trataba de Internet, sino de chocar entre personas en carne y hueso. Pero bueno… Estoy un poco desfasado con respecto a los tiempos en los que vivimos, quizás.
      Una última observación: este es el único artículo de este blog (que tiene casi 160) que ha recibido tantos comentarios. ¿Será por algo que provoca reacciones? Esa es la pequeña satisfacción que me llevo de lección…
      Un saludo y gracias,
      Valerio.

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