Pon un corrector en tu vida


sardonicusEl otro día, mientras estaba corrigiendo un libro, una persona que conozco me preguntó que qué hacía. Le dije, como la cosa más natural del mundo, que estaba corrigiendo un libro. Y me dijo: «¿Para qué? Si lo pasas por el corrector de Word, ya está».

Después de recuperarme del desmayo, tuve que explicarle mi trabajo, y la importancia de que una persona lo realice, porque no es lo mismo «levanto» que «levantó» y, a día de hoy, solo un corrector que no sea una máquina puede detectarlo.

Porque sí, soy correctora. Correctora de estilo para ser exactos. Pertenezco a esa profesión de héroes y heroínas que arriesgan sus cerebros, su paciencia, sus retinas y, a veces, su estabilidad mental para realizar su trabajo y, además, hacerlo de la mejor manera posible.

Formamos parte de la gran maquinaria de la industria editorial.

¿Por qué hablo de la estabilidad mental? Pues por una razón fundamental: nosotros, los correctores, nos vemos muchas veces obligados a enfrentarnos a los autores para defender nuestro trabajo y, además, durante el «ejercicio de nuestra profesión», llegamos a leer unas cosas que harían temblar a cualquier fornido Marine americano.

Existen muchos autores que, a la hora de escribir una historia, no piensan en algo fundamental: el tono y el lenguaje con el que deben escribirlo. Así nos encontramos con obras de ciencia-ficción en los que los robot hablan como románticos caballeros del XV y sin ser programados para ello. Pero no siempre, ojo, pues algún fallo del sistema hace que, sin previo aviso y en la misma frase, pase de usar un lenguaje de trovador medieval al de un «tronista» de la tele, ¡y todo eso sin ni siquiera despeinarse!

Y es que pocas veces una persona que empieza a escribir, a la hora de construir un personaje, se da cuenta de lo importante que es tener claras sus características físicas, su nombre o su manera de hablar.

Lo mismo vale para el resto del libro: el lenguaje, a lo largo de toda la historia, debe ser coherente y fluido, adecuado al siglo en el que se desarrolla la historia (y adecuado al siglo en el que estamos, por favor) y al tono general de lo que se cuenta.

Porque, por supuesto, no es lo mismo una historia de misterio en una ciudad como París en el siglo XIX, que la de un detective amargado contratado para investigar un crimen en un poblado chabolista de la España del XXI. Y dado que no es lo mismo, hay que tener claro el tono y el lenguaje que se quiere usar y mantenerlo.

Pero no hay que confundir conceptos, pues muchas veces el autor novel piensa que un lenguaje cuidado es sinónimo de complicado, rebuscado, retorcido o redicho. Así, sus personajes se «alzan» de las sillas cual budista tibetano en medio de una levitación tántrica, en lugar de «levantarse» de su asiento; o aquellos que se dedican continuamente a «atravesar» las puertas abiertas para «introducirse» en una «estancia», cual Jackie Chan al rescate, en lugar de un sencillo y claro «entrar en la habitación» como hace todo el mundo.

En fin, resumiendo, el consejo del día podría ser el siguiente: a la hora de escribir una historia hay que planear no sólo la estructura de lo que se escribe, el armazón que soporta la historia, sino el lenguaje con el que se hace y procurar que los personajes, además de una psicología propia, tengan (y mantengan) lenguajes coherentes y adecuados a su persona, clase, papel, circunstancias y época.

El próximo día, más.

Marian Ariza

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2 pensamientos en “Pon un corrector en tu vida

  1. Estoy totalmente de acuerdo, yo soy artista plástica y escritora, unas de las cosas que me repatea cuando leo un libro, es que te encuentras en medio de un Egipto entre faraones y resulta que te surge uno de ellos hablando como si perteneciera a este siglo y haciendo incluso uso al refranero castellano ¡toma ya! y te quedas con la boca abierta diciendo ¡ooooohhhh! ¿como es posible que este libro esté en todas las librerias vendiendose?, pues sí amiga..En otra ocasión me entusiasme leyendo una novela que me pareció fabulosa, del autor catalán Carlos Ruiz Zafón, “La Sombra del Viento”, fui al por el segundo que era una continuación de este, titulado “El juego del Ángel”, cual fué mi sorpresa, en mayusculas, que desvaloraba al primero, pareciera que lo hubiese escrito su ayudante y no el mismo escritor, porque había una frase que la repetía hasta la saciedad, nunca segundas partes fuerón buenas, tanto es así que no he vuelto a leer nada escrito por este autor. En cambio el escritor y periodista Arturo Pérez Reverte, es un escritor muy meticuloso en datos, fechas, siglos, y adapta su lenguaje a la época que representa en la novela.
    Con todo esto, le doy la razón, de que un escritor necesita de un corrector para sus libros, porque así otro ojos que leen ven lo que él o ella no puede ver o no se dá ni cuenta. Muchas gracias a todos los correctores humanos que nos facilitan la tarea de escribir. Un atento saludo.
    http://verasottovoce.wix.com/artecarrion

    • Muchas gracias por tu comentario, “mi arma”, como diría uno de esos egipcios 🙂
      Estoy de acuerdo con lo que dices. Ruiz Zafón la verdad es que no me entusiasmó, por lo que ni siquiera miré el segundo. Sin embargo, Pérez Reverte es académico de la lengua por méritos propios (de mayor quiero ser como él).
      Espero que muchos piensen como tú y que el trabajo del corrector aumente. Gracias de nuevo, Marian.

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