Me miro al espejo y me veo algo borroso.


He aterrizado con mi biplano en una zona algo árida. Veo a lo lejos un bosque y quizás un lago al pie de un monte. El avión está en llamas, unos piratas me han disparado al lado derecho. Pero no tengo prisa por bajarme. De hecho, observo como el ala se cae en pedazos ardiendo, mientras recojo mi mochila con los pocos efectos personales que he llevado conmigo al salir de la ciudad.

Cuando noto el calor demasiado fuerte en mi cara, decido que ha llegado el momento de ponerme a salvo. Me enciendo un cigarro con las llamas que salen del cuadro de mando y me bajo. Observo entretenido como el avión es devorado en pocos minutos por el incendio. No hay explosión. Se me había acabado la gasolina. Lo cual quiere decir que, de todas maneras, tenía que acabar en esa pista de tierra abandonada.

Me paro a pensar: entre el punto en el que estoy y el lago me separaran unos seis o siete kilómetros. Ahí podría encontrar agua potable, quizás un pueblo, comida y cobijo. iluPienso en mi misión: tengo que llegar a algún sitio cuyas coordenadas están en mi mapa y recoger algo. No me han dicho nada más. Ni siquiera sé para quién estoy haciendo todo esto. Lo único que sé es que me gusta a rabiar y no puedo dejarlo.

Hasta este momento casi no he tenido tiempo para pararme a descansar, tampoco he tenido muchas ocasiones para mirarme al espejo y pensar en lo que he hecho hasta ahora.

Empiezo a caminar. No tengo prisa y decido que encuentre lo que encuentre en ese bosque, alrededor de ese lago, lo voy a disfrutar. Y cuando llegue el momento, si seguiré vivo, volveré a ponerme en marcha hacia mi destino.

Para salir de la metáfora del relatito: la “misión” es esta cosa que se llama escribir; el aterrizaje de emergencia es la situación en la que me encuentro ahora. Hace tiempo que siento la necesidad de parar un momento, mirar atrás y ver lo que tengo, lo que he hecho y lo que no he hecho, evaluar los resultados y los pecados.

Es precisamente lo que voy a hacer ahora. Tú, lector, me esperas ahí en ese bosque. Yo necesito parar un poco, reponer fuerzas, pensar, reconstruir, analizar, confesar. Un minuto para dedicarme una retrospectiva por entregas, ¡joder! Te prometo que no haré trucos para salir bien parado.

¡Hasta pronto!

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