ha llegado el momento de la desilusión


galiciaha llegado el momento de la desilusión,

el alejarse, la separación.

anclado el barco durante años a un muelle,

goodbye se dice agitando el pañuelo,

se rompe otro champagne y se zarpa de nuevo.

sin embargo la espera…

si se pudieran cerrar los ojos y cortar

como en un montaje la película

del propio mar sería más fácil

ir al encuentro de los vientos hostiles

que hinchan las velas en un movimiento espontáneo,

hacia una nación de medusas; o a la bonanza

que al contrario deja secar el tejido

al aire salobre pintado de sol y de azul

sin olas, vapor en la quietud árida

del tiempo, cerca de los escollos negros

y rojos de valvas y corales.

en la espera en cambio surge la niebla

que corta la vista, alquitrana los sentidos.

no corresponde la rapidez del mundo

interior a la lentitud informe

de la realidad. la vida, por tanto, es sueño

nube, mar, coral,

barco y niebla, sol, bonanza

velas y viento.

 

perder de vista todo menos el timón

del propio relato. y esperar un nuevo atraque,

otro muelle para volver a sonreír a la gente,

abrazar a los hermanos, comer con ellos

en las tabernas de la madera partida,

oler, amar las grietas del nuevo donde

y hablar a los signos mudos del tiempo, abrazar el árbol

de la plaza, perno del nuevo cuando que sorprende,

porque nos dice cuánto todavía amamos

a nuestro viejo yo cuando estaba desilusionado,

lejano,

separado.

y ya no reconocer los ojos de los amigos,

las tabernas del puerto, las grietas,

los pastos y las calles

que iban lejos en el mar

(del poemario la esquirla en el dedo)

–IT–

è giunto il momento della delusione,

l’allontanamento, la separazione.

ancorata la barca per anni ad un molo,

goodbye si dice sventolando il fazzoletto,

si spacca un altro champagne e si salpa di nuovo.

ma l’attesa…

se si potessero chiudere gli occhi e tagliare

come in un montaggio la pellicola

del proprio mare sarebbe più facile

andare incontro ai venti ostili

che gonfiano le vele in un moto spontaneo,

verso una nazione di meduse; o alla bonaccia

che al contrario lascia seccare il tessuto

all’aria salmastra dipinta di sole e d’azzurro

senza onde, vapore nella quiete arida

del tempo, vicino agli scogli neri

e rossi di valve e coralli.

nell’attesa invece sorge la nebbia

che taglia la vista e incatrama i sensi.

non corrisponde la rapidità del mondo

interiore alla lentezza informe

della realtà. La vita, quindi, è sogno

nube, mare, corallo,

barca e nebbia, sole, bonaccia

vele e vento.

 

perdere di vista tutto, tranne il timone

del proprio racconto. ed aspettare un nuovo attracco,

un altro molo per sorridere di nuovo alla gente,

abbracciare i fratelli, mangiare con loro

nelle bettole dal legno spaccato,

odorare, amare le crepe del nuovo dove

e parlare ai segni muti del tempo, abbracciare l’albero

al centro della piazza, perno del nuovo quando

che stupisce,

perché tutto sommato ci dice quanto ancora amiamo

il nostro vecchio io, quando era deluso,

lontano,

separato.

e non riconoscere più gli occhi degli amici,

le bettole del porto, le crepe,

i pascoli e le strade

che andavano lontane nel mare

(del poemario la esquirla en el dedo)

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