El haiku en el taller de poesía


"The Great Wave off Kanagawa" de Hokusai

“The Great Wave off Kanagawa” de Hokusai

Ayer hablamos del haiku en la clase del curso de poesía de la Universidad Popular de Logroño. Al no ser especialista en cultura japonesa, me he limitado a hacer una pequeña introducción y a describir las características básicas de este tipo de poesía.

Como siempre pasa en mis clases, animando el debate y la participación de los alumnos, descubro que estoy rodeado de personas que, en muchísimas cosas, saben más que yo. Y es lo normal y lo correcto: un buen profesor tiene que facilitar la puesta en común de saberes, culturas e ideas, no dictar su ley. Tiene que ofrecer herramientas para que el alumno siga desarrollando su juicio personal -y con él, el profesor.

Pero, ¿por qué el haiku? Porque considero que es el mejor ejemplo que hay en el mundo de poesía sintética, de brevedad.

Esto es realmente el aspecto que me interesa subrayar: cuando dominamos la escritura poética breve, dominamos la poesía. Como siempre digo, menos es más. Ser muy sintéticos y, al mismo tiempo, comunicar lo máximo posible.

Como dije ayer, el haiku es un tipo de poesía nacido en Japón. Basho es el autor más popular y es del siglo XVII, para que nos hagamos una idea.

La brevedad, la observación de la naturaleza y la importancia de las estaciones, el concentrarse en el momento presente sin juzgarlo y usar imágenes y palabras concretas son, resumiendo, las características técnicas y temáticas del haiku -sin contar todo lo que tiene en relación con el sintoísmo y con el zen.

Desde el punto de vista de la composición, en occidente el haiku se traduce como un poema de tres versos de respectivamente 5, 7 y 5 sílabas sin rima.

El haiku no explica, es más bien un “fotograma”, como decía un alumno del curso. Hemos leído los siguientes poemas.

Matsuo Basho (1644-1694)

a cada ráfaga

se desplaza en el sauce

la mariposa

Shida Yaha (1662-1740)

Las voces de la gente

pasando a medianoche;

el frío.

Andrés Neuman

Sin horizonte.

En las alcantarillas

termina el agua.

Gabriel Segovia

El movimiento de las hierbas

delata a la campesina

haciendo caca.

Valerio Cruciani

Crece una hoja

en el aire crujiendo,

suena el teléfono

Al ser un género profundamente relacionado con la observación de la naturaleza, he provocado un pequeño debate alrededor de la relación de hoy en día entre ser humano la misma.

He añadido que el poeta de haikus encuentra en lo que observa una imagen que traduce sus sentimientos y sus pensamientos más profundos de ese momento concreto. Quizás sea una interpretación personal y occidental, pero me gusta verlo así.

A raíz de todas las interesantes opiniones expresadas, he mandado para casa un ejercicio que se compone de tres partes: hay que escribir tres haikus. 

El primero será “tradicional“: hay que observar la naturaleza y hacer un poema que hable de un detalle de la misma.

En el segundo, el observador no contempla objetos naturales, sino solo artificiales. Hay que olvidarse de la naturaleza como paisaje, solo queda el humano como animal.

En el tercero, más complicado y enrevesado, el haiku excluye también el ser humano como observador, y el poema será la voz de un artefacto humano, haciendo desaparecer por completo la naturaleza.

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