La importancia del título


Foto de Valerio Cruciani.  Atenas.

Foto de Valerio Cruciani. Atenas.

Por fin se acaban las fiestas y se reanuda la actividad docente. Quizás sea el hecho de tener demasiado tiempo libre, pero a mí las vacaciones en España siempre me parecen demasiado largas. También puede que dependa del enorme repercusión que las fiestas tienen en los telediarios: todavía estás con los últimos trozos de panettone entre los dientes, que ya te dan la vara con la Feria de Abril.

Pero bueno, ¿qué tiene que ver esto con nuestra clase de poesía? Nada.

Ayer leímos los poemas que trataban el tema “padres-hijos” y comentando los versos de los alumnos, he recordado que tenía que tratar un argumento importante: el título.

Que yo sepa no hay manuales sobre cómo poner título a nuestras obras, ni existe un grado dentro de la Facultad de Letras llamado “Filología de los títulos”, pero supongo que lo sacarán en la próxima reforma de la educación -si es que no cierran para siempre las Humanidades, que ya va siendo hora de parar esa fábrica de parados.

A lo nuestro. Que hablando de títulos, he sacado mis propias conclusiones y he dicho que hay por lo menos tres tipos:

-El explicativo. Es ese título que explica el poema, que declara el significado del mismo. Por ejemplo, un alumno leyó un poema titulado “Juventud-vejez”. Ya no hay misterio, la metáfora está clara. Es el peor título que se puede poner a un poema.

-El descriptivo. O dicho de otra manera, un título que usa palabras clave, es decir, que hace referencia a ese algo tan central que aparece en el poema (el mar, el árbol, lo que sea). No explica el contenido, pero centra la atención del lector sobre algo importante.

-El semántico. Por ejemplo Palmeras en la nieveLos trabajos del mar. No describe algo que aparece exactamente así en el libro o en el poema, ni lo explica, sino que va más allá, crea una especie de fusión sugerente entre elementos que llaman la atención del lector sobre algo que quizás quedará claro cuando hayamos acabado de leer. Crea un campo semántico nuevo que añade, que enriquece, que amplia el del libro o del poema, en general por contraste.

Por supuesto tenemos también la opción de no poner título a nuestros poemas. Toda esta teoría vale también para la narrativa. El título es importante, sin duda. Es lo primero que ven los lectores, es un llamamiento, un invito a la lectura, la puerta por la que entran (o no) en ese mundo.

Fuego en el rascacielosLos centuriones vampiros (títulos ficticios) probablemente podrían ser títulos para best-sellers autoeditados en Amazon o de algún autor “taquillero”, y van directos al corazón de su público. Su objetivo es divertir y vender mucho.

En cambio, títulos como La elección de Kristova KurulenkovaEl poema de arena (inventados), están intentando acariciar los oídos de lectores diferentes, que buscan otro tipo de entretenimiento literario, quizás más refinado, para un público selecto y reducido.

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