Los ambientes de nuestros relatos


tumblr_o21g85cxUx1tpotkro1_540-400x244Reanudamos también las clases de creación literaria de la UPL y empezamos a leer y comentar los relatos sobre el tema del cine.

Uno de ellos tenía como protagonista a un director de cine y, en una breve descripción de un paisaje, habla de una colina y de un paseo lleno de mansiones de famosos. Es curioso, en ningún momento mencionaba claramente Hollywood, pero nadie tuvo la menor duda de que estaba hablando del Sunset Boulevard.

Así que empezó un debate sobre clichés y documentación. A menudo pasa algo curioso, aunque es menos extraño de lo que pueda parecer: muchos escritores noveles, cuando no tienen información de primera mano sobre los ambientes o los personajes de sus historias, tiran de clichés de forma inconsciente. 

Por ejemplo, en este caso, al hablar del mundo del cine, el alumno ha evidentemente ambientado su historia en el contexto norteamericano, que no conoce en absoluto. Y tampoco conoce el cine español desde cerca. Lo cual le lleva automáticamente a beber de sus referencias más próximas: las del cine y de las series de Hollywood, todo salpimentado por la imagen de lujo y glamour que nos llegan a través de las noticias cuando se celebran, por ejemplo, los Premios Óscar.

Sin meterme en discusiones políticas sobre la dominación cultural de nuestro inconsciente por parte del imaginario estadounidense -ellos tienen que vender y lo saben hacer-, esto de usar falsa información y clichés para escribir es algo que tenemos que evitar como la peste. Claro, dirás, si lo hago de forma inconsciente, ¿cómo lo evito?

Pues, preguntándote si de verdad sabes de lo que hablas. 

Ahí viene la documentación y, por qué no, una pizca de orgullo nacional. Sobre todo, curiosidad por el mundo que nos rodea. 

sunset-boulevard-tc-1Lo que tenemos cerca no lo conocemos, por mucho que nos creamos atentos observadores. Yo he visto todos los museos de Madrid y algunos de Zaragoza, pero muchos de los que llevan treinta años viviendo allí nunca se han asomado a sus puertas. Lo mismo me pasó en Roma: fue mi novia de entonces -española- la que me llevó a visitar el claustro de San Giovanni.

Lo cercano es importante, mucho más importante de lo que puedas sospechar. He conocido de cerca momentos en los que había escritores o guionistas tirando de clichés para montar una historia policíaca, escenas ambientadas en lugares que se parecían más a los de las pelis de Hollywood que a lo que de verdad existe en España, aunque se pretendía ambientar la historia aquí.

Eso no puede ser -repito, si pasa de forma inconsciente. De forma consciente, podemos hacer que Madrid se parezca al Los Ángeles de Blade Runner y que la mafia italiana domine el mercado de la droga en Malasaña, tal y como hice en mi novela Negro spaghetti. Pero sin olvidarme de pequeños detalles típicos de España.

Ahora llega lo importante: la documentación. Hay que documentarse a fondo, si es posible, sobre el tema y el ambiente de nuestra historia. No se trata de hacer un documental, sino de darle bases sólidas a nuestra ficción.

Documentarse no quiere decir necesariamente encerrarse en una biblioteca. Un escritor se documenta cuando camina por las calles de su ciudad y toma nota de lo que ve, cuando se fija en la manera en la que la gente pide en el bar -por ejemplo, a mí siempre me sorprende la rudeza y la falta de simpatía de los españoles cuando hacen sus pedidos a los camareros, y en La Rioja más.

Documentarse es tomar nota de las palabras regionales, de los trabajos más comunes en esa zona, de la forma de vestirse, del clima y de cómo la gente habla del tiempo, se trata de observar a la gente de todas las razas, sexos y edades, cómo y dónde se reúnen, hablar con los lugareños, mezclarse, sacar fotos de ciertos rincones que nos llaman la atención -o dibujar, si sabemos.

Documentarse también es leer artículos y libros sobre ciertos temas concretos, pero si podemos siempre buscaremos la forma de añadir a esa información en papel otra de primera mano, hablando con la gente que se ocupa de esas cosas.

Por ejemplo, en mi última novela -todavía inédita- al protagonista le da un ictus. Lo primero que hice fue leer cosas en internet, para añadir conocimientos a los que ya tenía sobre el cerebro. Luego fui a hablar con tres médicos especialistas para que me contaran de primera mano qué significa tener un ictus. Una de ellas -todas mujeres, casualidad- me regaló un par de libros especializados que me vinieron muy bien para completar el rompecabezas.

Así que al loro con escribir a partir de lo que sabemos de segunda o tercera mano. El escritor es antes que nada un investigador.  

Anuncios

2 pensamientos en “Los ambientes de nuestros relatos

  1. Interesante, un colega preparaba una novela que sucedía en la ciudad de México después de un ataque nuclear. Realizó mapas e investigó qué construcciones o regiones sobrevivirían.
    Al final lo dejó… La ciudad no tiene posibilidades de sobrevivir.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s